Viernes 05 de december de 2025

Lejos de las debacles anunciadas, se consolida un «cambio de época»

26/8/2014

Una vez más los pronósticos sobre una hecatombe en la economía mundial no se cumplieron. En lugar de esa debacle, va consolidándose un significativo cambio de época.

Vidrio RotoLos pronósticos de catástrofe de la economía mundial no se cumplieron y se consolida un «significativo cambio de época». Un análisis de Hugo José Monasterio sobre la situación de Argentina frente a la influencia de las economías de China e India en los mercados financieros y comerciales.

Argentina y un cambiante sistema mundial
Por Hugo José Monasterio
Director de Estudios
Grupo de Estudios “Nutriente Sur”

Winston Churchill solía repetir: “La mayor parte de las catástrofes que nos sentimos capacitados para anticipar, casi nunca suceden”. Y los hechos ocurridos tras la crisis económica global (2008) parecen darle la razón. Jamás existió el vaticinado “colapso general de Estados Unidos”, Grecia logró esquivar el default tras un guiño de sus acreedores (que, al aceptar una holgada refinanciación de deudas, le permitieron regresar al crédito internacional), y desaparecieron los alarmantes augurios sobre la eliminación del euro.
Una vez más los pronósticos sobre una hecatombe en la economía mundial no se cumplieron. En lugar de esa debacle, va consolidándose un significativo cambio de época. En efecto, si algo podemos apreciar hoy es una nueva relación de funcionamiento en el andamiaje del comercio internacional.
Y el motivo de esta mutación no es otro que el gradual desplazamiento de ciertos ejes de poder desde el mundo desarrollado hacia países otrora secundarios; sobre todo, de Asia-Pacífico, liderados por China -convertida en locomotora fundamental para la economía global- e India (aunque ninguno de ellos olvida que el otro gran “tractor” seguirá siendo Estados Unidos).
La vasta interconexión alcanzada por el sistema mundial en esta nueva y distinta fase de la globalización provoca que los especialistas deban revisar su concepto de “cuentas macroeconómicas”: la producción y el comercio funcionan hoy como un sistema de vasos comunicantes (tal que las economías nacionales ya no pueden concebirse como islas independientes, sino partes de un sistema mayor que se consolida en su integración).

II
Resulta imposible entender el enorme déficit comercial norteamericano, la monumental deuda pública de ese país y el hecho de que emita continuamente dólares sin sufrir inflación alguna, si antes no nos fijamos en la gigantesca expansión de las exportaciones chinas, que transformaron al país asiático en el mayor vendedor mundial (Estados Unidos imprime dólares a un ritmo mayor al que sigue Argentina en su impresión de pesos; sin embargo, no tiene subas de precios internos porque “emigra” esas divisas para pagar las importaciones que realizó; y lo propio hace el Reino Unido con su moneda (¡hasta los más clásicos y típicos souvenir del vanidoso Londres son manufacturados en Beijing, Shangai o Hong Kong!).
La contracara de todo esto es que el “milagro chino” no podría mantenerse sin la continua oleada de inversiones directas que acercan grandes corporaciones transnacionales, y sin la ávida búsqueda de baratos productos chinos por parte de los consumidores norteamericanos.
Esa sólida alianza bilateral hizo que columnistas de la revista Bloomberg (verdadero “peso pesado” en información sobre mercados financieros y comerciales del mundo) acuñaran la palabra “Chinamérica” para describir “esta homogénea unidad económica”. Y lo demuestran citando que el Banco Central Chino es el primer tenedor mundial de bonos del Tesoro norteamericano. En efecto, su valor total asciende a 1,61 billones de dólares, convirtiendo a China en el mayor acreedor internacional de Estados Unidos (¡paradojas de la historia: los campeones del comunismo son hoy virreyes del sistema financiero internacional!).
Circulan, al respecto, ciertos pronósticos sobre una cercana guerra comercial entre Estados Unidos y China. Pero los más experimentados analistas (la propia Bloomberg, Newsweek, Financial Times, Wall Street Journal) recuerdan que en el medio siglo que duró la Guerra Fría, la certeza de una irreparable destrucción mutua entre las superpotencias nucleares fue el principal motivo para mantener la paz mundial.
Así, en la actualidad, el mayor desvelo que puede sufrir el gobierno chino es que efectivamente suceda un colapso en la economía norteamericana, ya que afectaría brutalmente a sus exportaciones industriales. A su vez, perturbaciones graves en la producción china (sequías muy prolongadas, pestes que causen mortandad masiva en sus stocks de ganado, producciones agrícolas infectadas, temblores o inundaciones que destruyan centros fabriles esenciales) harían perder a ese país una porción de reservas monetarias y tal vez lo fuercen a liquidar parte de sus bonos norteamericanos, lo cual configurará el peor escenario que podría ocurrirle a Estados Unidos.
¡Quién lo diría!: el gobierno de Beijing tiene muy claro que sus posibilidades de sacar de la pobreza a cientos de millones de campesinos se encuentran estrechamente ligadas a la prosperidad de los principales inversores de Wall Street. Y esta evaluación es lo que explica que las autoridades chinas no quieran ni siquiera imaginar el verse obligadas a una venta masiva de los títulos estadounidenses que atesoran.

III. Los “rescates financieros” en el mundo actual
Hoy los circuitos financieros del híper-conectado sistema mundial están modificándose por el ascenso de varias naciones emergentes (India, Rusia, Brasil, Australia, Sudáfrica); pero, más que nada, por el de China.
Así, aquellos clásicos “rescates financieros” en los que el mundo desarrollado (Estados Unidos, Unión Europea, FMI, Banco Mundial) salía a paliar las cíclicas crisis de los países periféricos están pasando a la historia: han cambiado tanto de dirección como de protagonistas. En efecto, el “gigante asiático” -consciente de su enorme peso en el comercio internacional- ayudó a reflotar países europeos amenazados por la crisis de 2008. Bajo un muy rendidor slogan (“Los amigos no se conocen hasta que se necesita ayuda”), China compró bonos españoles en cantidad suficiente como para triplicar su participación en la deuda pública de esa nación (pasó de 4 a 12%). Además, realizó importantes adquisiciones de títulos de “deuda soberana” a Grecia y Portugal, en señal de apoyo para que salieran del atolladero en que se encontraban.
Y Brasil marcó un rumbo diferente en la región: tras advertir que se desvanecía el riesgo de un default estadounidense, pasó a ser la nación que en el período julio/2010-junio/2011 más aumentó su stock de bonos del Tesoro norteamericano; a lo largo de esos doce meses lo acrecentó en 33,6% (el volumen que actualmente mantiene asciende a 211.400 millones de dólares, equivalentes a un tercio de las reservas de su Banco Central; y ahora es el quinto país acreedor de Estados Unidos).

IV. Conexión y desconexión
Como ocurre con toda tendencia histórica de carácter estructural, el avance de la globalización originó la aparición de una contra-tendencia, expresada en la “Teoría de la desconexión”. Ésta sostiene que la integración de los países emergentes al “mundo financiero desarrollado” implica aceptar una subordinación política, tecnológica y cultural ante las potencias capitalistas. Esa visión “globalofóbica”(1), históricamente defendida por el Foro de Sao Paulo (Brasil) y divulgada de un modo muy perseverante por el “Movimiento Internacional Antiglobalización”, ha sido asumida ahora por el fundamentalismo islámico, que no dudará en apelar a las armas cuando lo considere estratégicamente necesario.
Lo llamativo es que la “Desconexión” choca con una paradoja: ahora los avances de la globalización no son liderados en forma unilateral por Estados Unidos, ya que cedió una enorme porción de iniciativa a China, así como espacios considerables a las demás naciones del BRICS y a Australia. Esto posibilita, por primera vez en la historia del capitalismo, que países antes periféricos asuman hoy roles protagónicos en la economía mundial.
En Latinoamérica la muerte de Hugo Chávez (principal impulsor de la “Desconexión”) debilitó considerablemente al movimiento, que no pudo ir más allá de la retórica y sólo cosecha apoyos en foros carentes de verdadero peso político. Además, son conocidas las fisuras internas: Méjico, Perú, Chile, Paraguay y Colombia nunca adhirieron; “Pepe” Mujica es muy pragmático y (según propias palabras) “cuando el cencerro suena en otro lugar, el camino está por ahí”. Dilma mira todo el tiempo hacia el norte; y cuando alude al Mercosur, es para cuestionar las políticas comerciales de nuestro país. Se mantienen en el redil, en cambio, Cristina, Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega.

V. Otros síntomas
Un dato no menor: según la revista Forbes, hasta la irrupción del mejicano Carlos Slim las listas de personas más ricas del mundo estaban integradas sólo por norteamericanos, europeos y japoneses. Ahora aparecen gerenciadores chinos, así como empresarios hindúes y brasileños, y la australiana Gina Rinehart, propietaria de Hancock Prospeting (compañía minera beneficiada por astronómicos aumentos en los precios de productos que exporta a China). Lo relevante del caso es que no solo crece la cantidad de ricos que residen en naciones emergentes, sino que parece altamente probable que en un futuro cercano la mayor parte de los multimillonarios incluidos por Forbes deban sus fortunas a negocios realizados en esos países.
Ahora que los vientos están cambiando, ¿es necesario recalcar que Argentina debe salir de su aislamiento y reinsertarse en el mundo? ¿No aprovecharemos todo el potencial de “Vaca Muerta”? ¿Seguirá la Organización Mundial del Comercio aplicándonos sanciones que permitan a naciones que hemos perjudicado negarse a comprarnos lo que podríamos exportarles? ¿Seguiremos vendiendo al mundo menos leche y carne que el minúsculo Uruguay?

(1) “Globalofóbica”: calificación que los economistas Robert Lawrence y Robert Litan adjudicaron a la postura que cuestionaba la idea de crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) – Boletín mensual de la Brooking Institution (Washington, EEUU), setiembre de 1997.