Miércoles 22 de Septiembre de 2021

El COVID-19 y su impacto sobre el Comercio. UNCTAD

19/11/2020

Las repercusiones económicas de la pandemia producida por el Covid-19 continuarán después de la crisis sanitaria, advierte la UNCTAD.

el COVID-19El riesgo a que las desigualdades y vulnerabilidades se agraven mucho después de tener la vacuna disponible contra el COVID-19. La UNCTAD traza una hoja de ruta por una recuperación más inclusiva y mejor, enfatizando la necesidad de reformar las redes de producción global.

Los mercados globales y los ánimos están altos con la noticia que las vacunas contra el COVID-19 han mostrado una efectividad de más del 90% en la última fase de las pruebas clínicas.

Pero mientras crece la confianza de que el final de la pandemia sanitaria está a la vista, un informe publicado por la UNCTAD advierte que una vacuna viable no detendrá la propagación del daño económico, el cual se sentirá por un largo tiempo en el futuro, especialmente sobre los más pobres y vulnerables.

El informe, El Impacto de la Pandemia COVID-19 sobre el Comercio y Desarrollo: Transición a una Nueva Normalidad, proporciona una evaluación integral de las repercusiones económicas, proyectando que la economía global sufrirá una drástica contracción de 4,3% en el 2020 y advierte que la crisis podría poner a 130 millones de personas en situación de extrema pobreza.

La manera como la economía mundial está organizada es en parte responsable del impacto desproporcionado sobre los más pobres del mundo, quienes carecen de los recursos necesarios para responder a los impactos y choques generados por el COVID-19, dice el informe.

“La pandemia COVID-19 ha golpeado gravemente la economía mundial con serias consecuencias para todos,” el Secretario General de la UNCTAD Mukhisa Kituyi afirma.

“Traspasando velozmente las fronteras, afectando las arterias principales de la economía global, la propagación del virus, favorecido por la interconectividad — y las fragilidades — de la globalización, ha generado una crisis global sanitaria que se ha transformado en un enorme choque económico global que ha golpeado duramente a los más vulnerables”.

El informe señala que el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se retrasará si no se tomen acciones políticas inmediatas, especialmente en favor de los más pobres. Una mejor recuperación debe centrarse en una política de comercio renovada que aborde el doble desafío de la concentración de mercado e impacto ambiental.

El reporte también señala que existe una necesidad apremiante de reformar las redes de producción global de manera que sean más verdes, inclusivas, y sostenibles a la par que el sistema multilateral se restablece para apoyar a los más vulnerables y cumplir con la agenda climática.

Una crisis de impactos desiguales…
En el informe, la UNCTAD muestra el profundo impacto del virus en todas las áreas de la economía mundial y explica como la crisis ha afectado el comercio global, la inversión, la producción, el empleo y, por último, los medios de subsistencia individuales.

El informe señala que el impacto de la pandemia ha sido asimétrico y con mayor incidencia en los más vulnerables, dentro y entre países, afectando desproporcionalmente a hogares de bajos recursos, migrantes, trabajadores informales y mujeres.

La pobreza global se ha acelerado por primera vez desde la crisis financiera asiática de 1998. En 1990, la tasa de pobreza fue de 35,9%. Al 2018, se había reducido a 8,6% pero en lo que va del año ya ha aumentado a 8,8% y probablemente aumentará aún más a lo largo del 2021.

Adicionalmente, el COVID-19 ha tenido un efecto desproporcionado en dos sectores—turismo y micro, pequeña y mediana empresa—que son fuente de empleo para varios grupos vulnerables.

Por ejemplo, mientras los hombres adultos posiblemente han sufrido más por la emergencia sanitaria, las mujeres y los jóvenes son los más afectados por la crisis económica. En 32 países, para los cuales se dispone de datos desagregados por género, con más alta incidencia de COVID-19 tuvieron un gran incremento de desempleo en mujeres más que en hombres.

Estos y otros contratiempos, como el del cierre de escuelas que amenaza el progreso de 20 años de expansión en el acceso a la educación, especialmente para las niñas, tendrán impactos negativos fuertes en la capacidad productiva de los países en el futuro, el informe señala.

…y respuestas desiguales
Las disparidades causadas por la crisis del COVID-19 saltan a la vista, y la producción de la vacuna y su distribución probablemente pondrán de relieve la capacidad limitada de muchas naciones en desarrollo en su respuesta a la crisis.

Por ejemplo, el informe resalta que la media de gasto adicional per cápita, con estímulos fiscales o ingresos no percibidos en países desarrollados y economías en transición ha sido de US$ 1.365 desde el brote, comparado a solo US$ 18 en los países menos desarrollados y US$ 76 en otras naciones en desarrollo.

Adicionalmente, las naciones más pobres simplemente no tienen establecidas las redes de protección social necesarias para sostener a sus poblaciones.

El informe estima que alrededor del 79,4% de trabajadores en el África subsahariana y 84,5% de trabajadores en los países menos desarrollados no tienen acceso a ningún tipo de protección social o programa de empleo.

El informe hace un llamado a acelerar la asistencia internacional, el cual debería incluir el ofrecimiento de un alivio de la deuda a varias naciones pobres de manera tengan el espacio fiscal necesario para mitigar los impactos económicos de la pandemia en sus poblaciones.

Una hoja de ruta para una mejor recuperación
En el reporte, el organismo de comercio y desarrollo de las Naciones Unidas proporciona una hoja de ruta para la recuperación, el cual requiere un cambio oportuno, ya retrasado, en la estructura global del comercio y la cooperación.

“El COVID-19 ha sido doloroso y ha alterado el rumbo, pero es también un catalizador para un cambio necesario,” afirma el Dr. Kituyi. “Necesitamos reformar las redes de producción global y restablecer la cooperación multilateral para una mejor recuperación”.

Las redes de producción global jugaran un papel crítico en la producción y distribución de la nueva vacuna, así como lo han hecho en la movilización de equipos médicos durante la crisis.

Pero el despliegue de la vacuna probablemente evidenciará las desigualdades largamente arraigadas en el sistema de comercio global que el informe señala debe cambiar hacia una “mejor recuperación”.

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“Ahora es el momento correcto para tratar las fragilidades de la globalización que han conllevado a una propagación rápida del virus alrededor del mundo y sus impactos económicos desiguales,” añade el Dr. Kituyi.

“Aquellos esfuerzos deben ir de la mano con la llegada de las posibles vacunas al mercado, de lo contrario corremos el riesgo de reforzar aquellas desigualdades que convirtieron está emergencia sanitaria en una crisis económica en primer lugar.”

El reporte menciona que la crisis puede ser el catalizador para nuevas y más resilientes redes de producción basado en cadenas de valor más focalizadas y más regionales, sostenibles y digital.

También es una oportunidad para hacer que la producción sea más verde. Las emisiones globales de CO2 se encaminan hacia un declive del 8% este año, o 2.6 giga-toneladas. Esto es casi la misma reducción requerida anualmente a lo largo de los próximos 10 años para mantener el progreso con un incremento de solo 1.5-grados Celsius en la temperatura global. Mientras las economías se abran, se necesita hacer más para asegurar que la producción internacional está en sincronización con la emergencia climática.

“Mucho dependerá de las políticas adoptadas y la habilidad para coordinar, a nivel internacional y nacional,” señala el Dr. Kituyi. “Por eso, a pesar del panorama desalentador, es posible aun hacer que el COVID-19 sea el mejor momento para las Naciones Unidas para construir un futuro más inclusivo, resiliente y sostenible”.