No es solamente un problema de la Argentina, las exportaciones cayeron en casi todo el mundo y especialmente el Latinoamérica, países como Chile, Uruguay, Colombia o Brasil, por ejemplo, experimentaron altas tasas de retroceso, y además algunos sufrieron también una apreciación cambiaria como en nuestro país.
De acuerdo con un informe de la UNCTAD (Organización para el Comercio y el Desarrollo de las Naciones Unidas) en Ginebra del año pasado, la actividad del comercio internacional se estancó . Esto demuestra que ya no se trata solo de una crisis financiera, sino que es una crisis estructural que involucra toda la economía mundial.
El informe de la UNCTAD afirmaba que los países deben introducir cambios fundamentales en sus estrategias de crecimiento , con el fin de adaptarse a este cambio estructural. En rigor, y gracias a la ayuda del sistema financiero, las economías se hicieron demasiado dependientes de las exportaciones (la demanda de divisas beneficia a la banca) y ahora deberán dar un paso atrás a este modelo y permitir un mayor protagonismo de la demanda interna y el comercio regional.
El intercambio de bienes se derrumbó tras la quiebra de Lehman, y luego del repunte experimentado con las iniciales respuestas de los gobiernos, los planes de austeridad, principalmente en la Eurozona, terminaron por hundir al conjunto de la economía. Esto contradijo las tesis de Alemania de que la economía europea se encontraba en la senda de la recuperación.
El informe de la UNCTAD señalaba que los países desarrollados deben hacer frente a las causas fundamentales de la crisis, que resume en estos cuatro puntos:
i) la disminución en la función económica del Estado;
ii) el aumento de la desigualdad;
iii) el papel predominante del sector financiero desregulado y
iv) el rol global del sistema financiero en la creación de los desequilibrios mundiales, dado que las economías emergentes se hicieron fuertemente dependientes de sus exportaciones. La caída del comercio obligará a estas economías a tener un rol más centrado en la demanda interna y regional.
Decía el informe:
«A diferencia del crecimiento impulsado por las exportaciones, las estrategias de demanda dirigidas pueden ser realizados por todos los países al mismo tiempo y sin efectos de empobrecer al vecino… si muchos países en desarrollo logran coordinadamente ampliar su demanda interna, sus economías podrían convertirse en los mercados de la otra y estimular el comercio regional… Por lo tanto, cambiar el enfoque de las estrategias de desarrollo de los mercados internos no significa minimizar la importancia del papel de las exportaciones. Al adoptar una estrategia de crecimiento con un papel más importante para la demanda interna, los países deben lograr un equilibrio adecuado entre el aumento del consumo de los hogares, la inversión privada y el gasto público. El fomento de la capacidad adquisitiva de la población es un elemento clave en este sentido. Esto se puede lograr a través de una política de ingresos, con transferencias sociales específicas y planes de empleos del sector público. La creación y redistribución de ingresos para las familias de ingresos medios es fundamental para esta estrategia de desarrollo, ya que los hogares tienden a gastar una mayor proporción de sus ingresos en el consumo, en bienes y servicios producidos en la región».
El aumento de la demanda agregada que generaría este desarrollo interno, podría proporcionar un incentivo para invertir en la expansión de la capacidad productiva y en la adaptación a los nuevos patrones de demanda local.
Esto requeriría de inversión, lo que podría ser un canal de flujo para el sistema financiero. Pero la UNCTAD sugiere que sean los bancos centrales de cada país los que abran el horizonte, y no se limiten sólo al control de la inflación, sino que adquieran un rol central en el cuidado del empleo y el financiamiento de la economía real.
Los bancos centrales pueden contribuir al crecimiento haciendo participar a una red de instituciones financieras especializadas en la canalización de crédito, que justamente porque son “demasiado grandes para caer”, pueden también ser objeto de severos controles y regulaciones.
El cambio de eje en la orientación de la economía que plantea la UNCTAD es clave y confirma el fin del paradigma monetarista que se señalaba hace cinco años. Se pide, en todas sus palabras, que los bancos centrales abandonen como único objetivo de política las metas de inflación y den importancia al tema del empleo, dado que sin empleo no hay demanda. Este hecho sin duda, marca el inicio de una nueva etapa en los bancos centrales y su política económica basada en “metas de inflación”.
Los planes de estabilización de los países emergentes (como China e India) lograron sortear las inclemencias de la tormenta inicial el año 2008. Pero el tiempo comienza a aflorar los signos de un profuso agotamiento como va quedando al descubierto con la burbuja inmobiliaria china que está a punto de estallar.
Parte de este proceso se siente con la caída en el precio de los commodities (oro, cobre, petróleo, soja) al nivel más acentuado de los últimos años. Este descenso es uno de los principales canales de contagio dado que involucra el intercambio comercial.
Si la demanda externa se desacelera, no es necesario aplicar políticas proteccionistas para proteger a las economías. La simple caída de la demanda externa obliga a los países exportadores a reducir sus importaciones, lo que lleva a una reducción global del comercio.



















