Restricciones a la exportación: luchar contra el COVID-19 con las manos atadas. –El COVID-19 es una prueba dura no solo para los sistemas de salud del mundo, sino también para nuestras relaciones comerciales.
Estamos en un punto en el que el mundo ya perdió cientos de miles de vidas, y es probable que pierda muchas más, mientras que los países se enfrentan a decisiones difíciles buscando aplanar la curva de esta pandemia.
Sin embargo, lograr el equilibrio adecuado entre el interés nacional de cada país y la supervivencia colectiva global plantea desafíos adicionales y difíciles en la lucha contra COVID-19.
Los suministros médicos representan el 5% del comercio mundial de mercaderías, por un total de US$ 2 billones (en nuestra escala numérica larga), y se concentran entre un pequeño número de exportadores.
Alemania, Estados Unidos y Suiza representan el 35% del mercado mundial de productos médicos, mientras que el 40% del mercado mundial de productos de protección personal es suministrado por Alemania, Estados Unidos y China.
Muchos países en desarrollo, particularmente los países menos adelantados, dependen en gran medida de la disponibilidad constante de productos de estos productores para responder a sus desafíos en cuestiones de salud.
Para los países sin capacidades tecnológicas o productivas, la importación de estos suministros médicos es una necesidad absoluta. Como resultado, los principales exportadores médicos del mundo son actores clave en nuestra respuesta global a COVID-19.
Aumento de los intereses nacionales, restricciones a la exportación
Desafortunadamente, a medida que el virus se fue extendiendo, también se vio una marea creciente de intereses nacionales. Alemania, Estados Unidos e India, tres de los mayores exportadores, indicaron en varios sentidos que suspenderán la exportación de productos médicos clave.
Aunque estos gigantes del mercado remontaron hasta cierto punto sus restricciones frente al furor global, el enfoque de mendigar a tu vecino se afianzó. Como medida para asegurar sus suministros nacionales, casi 80 países impusieron alguna forma de restricción a la exportación de suministros médicos.
Estas restricciones no solo limitan la disponibilidad global, sino que también ponen en peligro la accesibilidad de estos productos que salvan vidas, aumentando los precios y perjudicando desproporcionadamente a los más pobres y vulnerables del mundo.
Es probable que esta situación empeore a medida que la importación de suministros médicos y medicamentos legítimos y accesibles se vuelva más difícil. A medida que los precios suben por recursos médicos cada vez más escasos, dejará a la mayoría de los países en desarrollo con aún menos opciones para proteger adecuadamente a sus poblaciones, propagando aún más el virus y elevando significativamente las tasas de mortalidad.
Descuidar las necesidades de los países en desarrollo no solo tendrá consecuencias devastadoras a niveles nacionales, sino que también tendrá serias implicaciones para el resto del mundo. En un mundo interconectado y globalizado, la normalidad solo se reanudará una vez que todos los focos del brote estén controlados o erradicados.
La tendencia a actuar por interés propio es un instinto natural, pero debe atenuarse con la comprensión del panorama general. La interrupción de las cadenas de producción globales vitales utilizando restricciones a la exportación será perjudicial para todos a largo plazo.
Esto es especialmente cierto en tiempos de crisis cuando necesitamos que estas cadenas de producción funcionen de la manera más fluida y eficiente posible para salvar la mayor cantidad de vidas posible. Tenemos una responsabilidad global compartida para frenar la propagación.
Con información de UNCTAD



















