Martes 28 de Abril de 2026

La perpetua relación del desfavorable intercambio de mercancías

7/7/2014

En teoría cuando un país empobrecido acude al comercio internacional para ofertar sus recursos, su situación económica mejora. La realidad es completamente distinta.

Mundo desarrolladoA pesar de los discursos grandilocuentes y acuerdos extensos rubricados en foros de diverso corte, el comercio internacional favorece sólo a los poderosos y los beneficios del consumo van a las transnacionales.
Esta es una de las razones de la agudización de la desigualdad económica y social. Como ha expresado el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, la pobreza no se debe o se explica solo por la escasez de recursos, sino por la falta de equidad.  Recordó el también académico que el intercambio desigual y la transferencia de valor al Norte industrializado mediante el comercio constituyen manifestaciones de la inequidad económica y social prevalecientes en el planeta.
Todo ocurre en momentos en que los bienhechores del neoliberalismo y el gran capital, fundamentalmente los especulativos, presionan a favor de la liberalización del comercio sin evaluar los costos y beneficios.
Quienes así piensan alientan prácticas que a la postre acentúan el déficit crónico en la balanza comercial y la dependencia de exportaciones primarias y préstamos para importar.
Otra de las restricciones a las transacciones mercantiles igualitarias se origina en los subsidios a los productores agrícolas de los países centrales mientras se penaliza a los del Sur empobrecido por establecer precios de garantía a los alimentos.
Es oportuno recordar la persistencia de las barreras arancelarias y de otro origen que obstaculizan la libre entrada de los productos y mercancías de las naciones del Sur a los mercados mundiales.
África se erige en uno de los ejemplos más ilustrativos de las consecuencias del comercio injusto.
Menos del 3% de las importaciones y exportaciones internacionales tienen origen o destino en este continente, y solo el 10% del comercio africano tiene lugar entre países de la región.
Allí prevalecen procedimientos laborales y medioambientales absurdos de las empresas transnacionales, son visibles las inicuas pautas emanadas de la Organización Mundial del Comercio y proliferan los tratados comerciales bilaterales indebidos.
Tengo HambrePara imponer esos acuerdos desventajosos, fuerzas externas se aprovechan de la situación económica de África, donde el 10% más rico acumula más del 40% de la riqueza de todo el continente.
Además, la tasa de analfabetismo afecta a casi la mitad de las personas adultas y el 20% de la población sufre malnutrición.
Para abultar los bolsillos de los ejecutivos de las transnacionales y los poseedores de los capitales especulativos, en África persiste el trabajo esclavo.
Solo en Costa de Marfil 12.000 niños laboran bajo esa explotadora modalidad en las plantaciones de cacao con las que se elaboran las golosinas que llenan los estantes comerciales del Norte.
Lo que pasa en África es el reflejo de un problema mundial. En teoría cuando un país empobrecido acude al comercio internacional para ofertar sus recursos, su situación económica mejora.
La realidad es completamente distinta. El comercio internacional favorece sólo a los poderosos de tal manera que los beneficios del consumo van directamente a sus arcas.

Artículo Editado por Katia Madruga Marquez en Radio Habana Cuba
Fuente: http://www.radiohc.cu/