La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, satisfecha con la entrega en concesión de los principales aeropuertos del país a principios de este año, está ahora tratando de encontrar operadores privados para los aeropuertos de tamaño medio, informó el diario Folha de Sao Paulo.
Aunque los inversionistas esperaban que el gobierno realizara licitaciones para entregar a los operadores privados otros aeropuertos internacionales, Rousseff determinó que el gobierno no debe perder el control del aeropuerto internacional de Río de Janeiro, ya que ya se había entregado el control a privados del aeropuerto de Guarulhos en Sao Paulo, el más grande de Brasil, dijo Folha.
Además, debido a que Galeao, el aeropuerto de Río de Janeiro no está funcionando en toda su capacidad, este no requiere mucha inversión y por lo tanto no necesita socios privados, según el informe.
En cambio, el gobierno está buscando Asociaciones Público-Privadas, o PPP por sus siglas en inglés, para operar 15 aeropuertos con un tráfico anual de400.000 a un millón de pasajeros, dijo Folha, sin revelar fuentes.
Además, la mayoría de los aeropuertos operan con pérdidas, y que el gobierno continuará subsidiando las pérdidas, pero la esperanza es que para reducir esas pérdidas se cuente con la ayuda de la inversión y gestión privada, dijo Folha.
El gobierno también está evaluando la creación de una empresa llamada Infrapar como el brazo inversor de Infraero, operador aeroportuario del gobierno, dijo Folha. Infrapar tomaría una participación del 51 por ciento en las futuras concesiones, que pueden incluir Galeao y el aeropuerto de Confins en Belo Horizonte, agregó Folha.
Además del gobierno que mantiene una participación mayoritaria, a diferencia de Guarulhos licitado en febrero y los aeropuertos de Campinas y Brasilia en la que Infraero tomó una participación del 49 por ciento, las licitaciones futuras tendrán criterios más estrictos de operación y explotación para los socios internacionales, dijo Folha.
En la licitación de febrero, el requisito era que los socios internacionales debían tener experiencia en aeropuertos que operaban con un tráfico anual de cinco millones de pasajeros.



















