Jueves 21 de Junio de 2018

Sector vitivinícola, balance 2017. Menos exportación y más importación

8/1/2018

Los datos preliminares para el sector vitivinícola muestran 8 veces más de importación y ventas al exterior hasta 18% inferiores al 2016.

sector vitivinícolaCon poco más de 212 millones de litros de vino exportados, el sector vitivinícola argentino despidió un año que querrá olvidar rápido. Es que 2017 se fue sin mostrar un sólo índice positivo interanual para el vino, al punto que quedó al menos 18% por debajo de 2016, y con un nivel de ventas de mosto que se recortó a casi la mitad del ciclo anterior.
Aunque se trata de datos provisorios y sujetos a modificación (los oficiales del mercado interno se esperan para la segunda mitad de enero) según informaron desde el INV, terminan de pintar un cuadro descolorido para el comercio exterior que se esperanza en que 2018 será de recuperación.
Asimismo, los datos preliminares registrados hasta la primera semana de enero muestran que con algo más de 77 millones de litros ingresados, durante 2017 las importaciones le sacaron varios cuerpos al año anterior.
Viendo las proyecciones del sector vitivinícola, Mario Giordano, gerente de Wines of Argentina comentó, “Hay mercados que crecieron como Inglaterra y Brasil, un poco Rusia, menos, Perú y Paraguay, En lo que respecta a EEUU, creció en facturación y tuvo una caída en volumen comparado con otros años, y eso es importante”.
A la lista hay que sumar a otros mercados latinoamericanos prometedores que no respondieron como antes. Un caso es Colombia, donde la presión impositiva sobre las bebidas con alcohol para financiar el gasto público del desarme se hizo sentir en los precios.
Entre los vinos argentinos que se venden en el mundo, los que “salvaron la ropa” fueron del segmento de entre US$ 15 a US$ 20 de precio retail (entre US$ 40 y US$ 45 FOB), con un precio promedio que oscila los US$ 36.
“Hay un mejor panorama mirando hacia el 2018 y 2019, si nos ayuda la producción. Será difícil que suban los reintegros, teniendo en cuenta que se busca bajar la presión fiscal; lo que se necesita trabajar son las cuestiones de logística y bajar costos”, diagnosticó Giordano.
Según Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina, las pérdidas en el sector vitivinícola son atribuibles tanto al desfase del tipo de cambio como a los costos internos, lo que debilita la capacidad de competir con rivales revitalizados como España y Francia, respaldados por subvenciones de la Unión Europea que les permiten hacerse fuertes entre los 0,80 y 1,20 euros.
La carga impositiva y la logística conforman, a su criterio, un paquete complicado de desactivar. Para Bressia, “en otra economía no impactaban tanto, pero ahora está todo al descubierto. Que el 49% del costo de producir una botella de vino sea impuestos resulta insostenible”.
Con todo, al vino a granel no le fue mejor. Al contrario. Mientras en 2016 se despacharon 52,6 millones de litros al exterior, el primer cálculo del total vendido el año pasado se acerca a los 30 millones, es decir, casi 44% menos, lo que confirma que el valor agregado sigue siendo un colchón.
Sin embargo, de a poco se advierte una tendencia incipiente en el sector vitivinícola. Cada vez más bodegas, sobre todo las que manejan mayores volúmenes y mercados, acuerdan con los importadores fraccionar en destino. Un nuevo negocio asoma.
sector vitivinícolaEl mosto también tuvo un año difícil. Después de superar las 104 mil toneladas, al cabo de 2017 se confirmó que el panorama internacional, con mayor competencia española y hasta del jugo de manzana chino (que siempre que puede patea el tablero, esta vez por debajo de los US$ 900 la tonelada), no le jugó a favor al mosto argentino.
A diciembre, el jugo de uva concentrado no alcanzó a superar las 59 mil toneladas, incluso con un ritmo interanual más lento. Es que mientras en el último mes de 2016 se habían vendido casi 8 mil toneladas más, a diciembre último sólo se habían sumado unas 3 mil.
Si bien a priori entre los exportadores había confianza en llegar a las 65 mil toneladas, difícilmente supere las 60 mil, casi 44% menos. No son pocos los que extrañan las casi 200 mil de una década atrás.
Uno de los factores que más inciden en los mercados del vino es que la importación no afloja.
Aun falta terminar de ver y analizar las cifras, pero el volumen de vino importado por la industria argentina al 3 de enero ya había multiplicado casi por 8 la cifra de 2016, cuando ingresaron algo más de 9,3 millones de litros.
Con el registro de diciembre, que todavía puede seguir ajustándose al menos hasta que terminen de cargarse datos en los próximos días, el 2017 ya superó los 77 millones de litros. De ese total, el vino a granel que termina por fraccionarse en destino tuvo un dominio abrumador: fueron 99 de cada 100 litros que cruzaron la frontera argentina.
En 2016 la razón más utilizada para explicar el fenómeno fue la suba de los precios de la uva al cabo de una de las vendimias más pobres de las últimas décadas.
En el reciente ciclo, aunque la merma de materia prima fue menos impactante y varias de las empresas tenedoras de volúmenes aseguraron que la diferencia de precios ya no la justificaba, la tendencia pareció marcar que el desfase seguía patente.
“Si no hay producto, entre abandono de fincas y pérdida de producción, es lógico tener que importar. Y el año pasado eso pegó en las zonas que aportan el mayor volumen”, es el argumento más escuchado por quienes defendieron la decisión en el sector vitivinícola nacional.

Con información de Los Andes