Viernes 15 de Noviembre de 2019

Ideas para el nuevo período que se inicia. AIERA

31/10/2019

Ideas para el nuevo período que se inicia, último Documento Económico de AIERA relacionado con el  escenario nacional a partir del 10 de Diciembre.

ideasIdeas para el nuevo período que se inicia. –La economía que va a recibir el nuevo gobierno el 10 de diciembre va a ser muy delicada. Los problemas económicos que enfrenta la actividad económica son la profunda recesión, la inflación, la imposibilidad del pago de la deuda, el desempleo, el déficit externo, la volatilidad del tipo de cambio y el déficit fiscal. Todo junto.

Aún si se da el escenario más optimista y se tiene la habilidad política de lidiar con todos esos problemas a la vez, la situación que se atravesará la economía será muy compleja porque se sufre una aguda situación financiera y la sociedad argentina está en una delicada situación social.

Además, la simultaneidad de los temas los agrava y hace muy estrecho el margen de maniobra. Sin embargo hay una situación que será la gran rectora y directora de los acontecimientos económicos de los próximos años. Es la situación externa de la economía. La capacidad de hacer frente a los compromisos externos y de disponer las divisas que requiere la economía para funcionar razonablemente, sin mayores trabas y restricciones.

El tema central que deberá enfrentar el próximo gobierno, es la capacidad de pago del capital y los intereses de la deuda externa y el manejo corriente del déficit externo de la economía. De acuerdo a datos preliminares de la Secretaría de Hacienda, se calcula que Argentina enfrentará vencimientos del orden de los 165.000 millones de dólares en el próximo período presidencial. 119.000 millones de capital de la deuda y 46.000 millones de intereses. Anualmente, su distribución se aproxima a los 51.000 millones de dólares en 2020 (deuda de capital por 35.000 millones e intereses por 16.000 millones), 37.000 millones en 2021 (deuda de capital por 25.000 millones e intereses por 12.000 millones), 42.000 millones en 2022 (deuda de capital por 32.000 millones e intereses por 10.000 millones), y 34.000 mil millones en 2023 (deuda de capital por 27.000 millones e intereses por 7.000 millones).

Si a esos números que tienen que ver con la deuda externa se agregan los requerimientos corrientes del sistema económico, y se tiene en cuenta el ahorro de divisas que efectivamente genera anualmente nuestro país, es muy claro que esos pagos no se podrán realizar de manera genuina, es decir con dólares generados por la exportación de bienes y servicios. Por esta razón matemática, el próximo gobierno deberá tener una gran capacidad de persuasión y negociación con los acreedores, a la vez que usar toda su creatividad para volver a poner la economía en movimiento, sin descuidar las variables macroeconómicas y la problemática social.

Si bien la negociación con los acreedores y las medidas de reactivación se describen como dos procesos separados, su vinculación es profunda, porque, una vez cerrada la negociación inevitable por el perfil de vencimientos de la deuda, los ahorros que pueda generar la economía para hacer frente a esos compromisos deberán salir de lo que la economía genere por sus propios medios, es decir, aumentar su nivel de producción, crecer, vender al exterior y cuidar las divisas. En este sentido, es vital que el próximo gobierno despliegue una certera estrategia de corto, mediano y largo plazo para la economía.

Analizando los escenarios probables, en el corto plazo se requerirá que se logre la mejor negociación con los acreedores públicos y privados para lograr reducir y pasar para los próximos años buena parte del capital y de los intereses de la deuda (primer objetivo); que se refuerce el cuidado de las divisas para evitar su fuga del sistema económico y la estabilización del Tipo de Cambio (segundo objetivo); que se lance un programa de medidas económicas para que la economía vuelva a crecer y crear trabajo (tercer objetivo); y lograr un acuerdo amplio con los diferentes actores sociales para reducir la inflación (cuarto objetivo).

Para el mediano plazo, con una economía menos exigida financieramente por las obligaciones externas y empezando a moverse, se deberán afinar los mecanismos y programas de gobierno, de manera de realizar cambios cualitativos en materia de crecimiento y desarrollo. Ello tiene que ver con la sustitución de exportaciones de materias primas y bienes de bajo valor agregado por ventas externas de mayor contenido tecnológico y empleo de calidad (ver propuestas de AIERA en este sentido http://www.aiera.org/pdf/info44.pdf ); por la sustitución de importaciones de bienes y servicios que hoy se adquieren en el exterior; y por el desarrollo de proyectos que pongan en movimiento las economías regionales. El gran objetivo del periodo de mediano plazo debería ser poner la economía en movimiento para lograr tasas de crecimiento positivas, volver a poner en funcionamiento la industria, crear empleo en todo el territorio y elevar fuertemente las exportaciones.

Para poder tener éxito en este periodo, habrá que lograr cuatro aspectos centrales, para que no se vean afectadas las bases del sistema económico: bajar la inflación para que no reduzca la competitividad, hacer un uso muy cuidadoso de las divisas para garantizar los pagos externos, mantener estable el tipo de cambio para que no se dispare la inflación y persuadir a los sectores económicos con fondos inmovilizados que los inviertan en la economía.

Este último aspecto es central para el futuro. Significa que se deben desarrollar instrumentos y condiciones de inversión con tasas reales positivas, que resulten más rentables que mantener los ahorros en el exterior y/o fuera del circuito económico. También deberían ser más rentables que las inversiones financieras, lo que requiere desarmar el sistema de incentivos y ventajas (de hecho) actuales. Vale la pena ahondar sobre este tema. Argentina tiene necesidades urgentes de infraestructura, vivienda, energía, educación y salud que podrían ser financiadas con capitales ociosos de que hoy están, o fuera del país, o dentro, pero fuera del circuito económico. O invertidos en el negocio financiero.

Si políticamente se logra convencer a los inversores que el negocio (sostenible) más rentable es invertir en proyectos en todo el territorio, que generen empleo, resuelvan compromisos y demandas sociales (aguas, cloacas, viviendas) y económicas (caminos, puertos, energía, etc) y pusieran en movimiento el mercado interno, muchos de los problemas actuales se ordenarían.

La misma cuestión aplica para los proyectos de exportación. Argentina requiere aumentar sus exportaciones y agregarles valor para exportar trabajo y recursos de calidad. Nuestro país va a requerir de divisas en los próximos años para poder pagar su deuda y sus compromisos.

La cuestión requiere convencer a la dirigencia económica de cada región de que se necesita y se puede exportar valor, y que se debe implementar una agenda de medidas y tareas a llevar adelante para dotar a la economía de más competitividad y mejores incentivos para vender en el mercado mundial. Por supuesto, es un gran desafío. Y es político. Otra vez, ha vuelto la hora de la política. Se requiere llevar adelante una tarea mayúscula: convencer a los sectores económicos que tienen capacidad de inversión, que modifiquen sus carteras y estrategias económicas y vuelvan a confiar en el crecimiento de la economía. La cuestión pasa centralmente por ahí. Deseamos la mejor de las suertes al próximo Gobierno en el nuevo periodo que se inicia.

Nota: Lamentablemente, el largo plazo queda bastante lejos todavía y los problemas urgentes son demasiado importantes y condicionantes. La famosa frase de Keynes sobre ese periodo temporal es bastante clara al respecto.

Consejo Directivo de AIERA, octubre de 2019